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La expulsión de Isaac Romero abre el debate sobre el criterio arbitral
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La expulsión de Isaac Romero abre el debate sobre el criterio arbitral

Por Redacción FútbolAlDía

El delantero del Sevilla vio la segunda amarilla tras celebrar un gol con un gesto de silencio dirigido a la grada del Levante. El acta relacionó la acción con el lanzamiento de objetos y el equipo sevillista cuestionó que se aplique el mismo criterio en otras celebraciones.

La expulsión de Isaac Romero marcó el tramo final del empate entre el Sevilla y el Levante. El delantero recibió la segunda tarjeta amarilla después de celebrar el 2-3 con el dedo índice en los labios, en un gesto dirigido a la grada local. La decisión de Adrián Cordero Vega abrió un debate sobre la interpretación de esa celebración y la consistencia con la que se sancionan acciones similares.

El lanzamiento de objetos que se produjo en ese momento también forma parte de la polémica, aunque son conductas distintas: la valoración del gesto del futbolista no justifica que se arrojen objetos ni traslada la responsabilidad de hacerlo a otros.

La jugada que acabó con Romero expulsado

Romero había entrado en el campo en la segunda parte y vio su primera amarilla por agarrar a Iván Romero. Después, con el marcador igualado a dos, anotó el 2-3 con un disparo desde fuera del área. Lo celebró junto al córner y se llevó el dedo a los labios, mirando hacia el público del Levante. A continuación se produjo una lluvia de objetos en esa zona y el árbitro le mostró la segunda tarjeta.

En el acta, Cordero Vega describió que Romero se dirigió a la grada local haciendo el gesto de silencio tras marcar y dejó constancia de un lanzamiento multitudinario de objetos. La secuencia refleja el contexto de la decisión, pero no convierte una acción en justificación de la otra: el gesto fue objeto de la amonestación y quienes lanzaron objetos son responsables de su conducta.

La normativa contempla la posibilidad de sancionar gestos considerados provocadores o de desconsideración hacia los espectadores. La discusión está en la interpretación concreta de la acción y en si se mantendrá el mismo criterio cuando otros futbolistas realicen celebraciones parecidas.

La reacción del Sevilla

Luis García Plaza defendió que el Sevilla no habría perdido el partido si hubiera acabado con once jugadores. El entrenador reconoció el gesto de Romero y cuestionó que se sancione de manera desigual: “Es verdad que Isaac hace así, pero es que después lo hacen otros jugadores”. También expresó su deseo de que la misma decisión se tome si el gesto lo realiza un futbolista de un equipo con mayor repercusión.

El técnico no afirmó que la expulsión hiciera perder el control del partido al Sevilla. Su argumento fue que, con un jugador más, su equipo habría tenido opciones de evitar la derrota. Tras el 2-3, el Levante marcó el empate definitivo en un tramo de partido que se prolongó más allá del tiempo añadido inicialmente señalado. La expulsión dejó al Sevilla en inferioridad durante ese cierre, pero no permite atribuir por sí sola el resultado a una única causa.

Lucien Agoumé, por su parte, criticó la decisión después del encuentro y pidió una explicación al árbitro. “Creo que Isaac no ha hecho nada malo”, dijo el centrocampista, que consideró que Romero estaba celebrando su gol. Esas declaraciones reflejan el malestar sevillista, mientras que el acta recoge el motivo de la amonestación desde la perspectiva arbitral.

El precedente y la continuidad del criterio

La protesta también se alimenta de comparaciones con otras celebraciones dirigidas al público. Mundo Deportivo recuerda el caso de John Carew, expulsado hace 26 años en un Athletic-Valencia por un gesto similar. El Valencia recurrió aquella tarjeta y los comités la anularon, por lo que el delantero no fue sancionado. El episodio sirve como antecedente, aunque no determina automáticamente cómo debe resolverse una acción distinta.

La cuestión que plantea el Sevilla es si gestos como mandar callar a una grada recibirán la misma respuesta arbitral con independencia del equipo y del jugador. La expulsión de Romero vuelve a poner ese criterio bajo discusión. Al mismo tiempo, cualquier análisis debe distinguir entre la decisión disciplinaria sobre el futbolista y el lanzamiento de objetos: ninguna celebración habilita a agredir ni exime de responsabilidad a quien los arroja.

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