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El Betis vuelve a la Champions con una remontada de carácter ante el Porto
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El Betis vuelve a la Champions con una remontada de carácter ante el Porto

Por Redacción FútbolAlDía

El Betis celebró su regreso a la Champions con una victoria vibrante en La Cartuja: resistió el golpe del Porto, recompuso su plan y decidió el duelo con la energía del Cucho y la sangre fría de Isco.

La Cartuja empujó, pero el partido exigió paciencia

El regreso del Real Betis a la Champions, 21 años después, no tuvo nada de ceremonia plácida. La Cartuja, con 67.117 espectadores, vivió una noche de presión, alternativas y nervios hasta el desenlace. El equipo de Manuel Pellegrini quiso imponer desde el comienzo un ritmo alto y buscar profundidad por las bandas; el Porto, incómodo al principio, encontró poco a poco vías para escapar de esa presión y convertir el encuentro en un intercambio de amenazas.

Abde avisó pronto con una intervención que obligó a Diogo Costa a emplearse, y Marc Roca rozó el gol con un disparo que encontró la parte exterior de la red. Los portugueses respondieron con una ocasión clara de André Silva, cuyo cabezazo se estrelló en el larguero después de una salida defectuosa desde atrás del Betis. La secuencia resumió la primera mitad: los verdiblancos tenían iniciativa, pero cada pérdida o imprecisión podía dejar al rival en disposición de castigar.

La tensión alcanzó su punto máximo antes del descanso. Un balón que terminó en la portería bética generó protestas y desconcierto, pero la revisión anuló la acción por una mano previa de Borja Sainz. El episodio añadió polémica a un partido ya cargado de electricidad y recordó que, ante un rival de semejante nivel, el control nunca podía darse por hecho.

Abde encendió la noche; el Porto encontró espacios

El Betis regresó del vestuario con decisión y encontró recompensa en una acción de calidad de Abde, que culminó una jugada ofensiva para desatar a la grada. Apenas después, Antony tuvo una ocasión manifiesta para ampliar la ventaja, pero su remate se topó con el poste. Ese instante marcó un giro: el equipo local había hecho daño, aunque no logró aprovechar el impulso para establecer una distancia de seguridad.

El Porto respondió con eficacia. Gabri Veiga igualó con un lanzamiento de falta que Álvaro Vallés no pudo detener y el golpe afectó al orden verdiblanco. Los visitantes aprovecharon el momento, ganaron metros y volvieron a marcar por medio de Samu Aghehowa, que acababa de entrar al campo. La jugada nació de un taconazo de Pepê, un recurso de talento que dejó al delantero en situación de finalizar. En pocos minutos, el escenario emocional había cambiado por completo.

Pellegrini reaccionó desde el banquillo y la entrada del Cucho Hernández aportó presencia y energía en el área. El Betis necesitaba algo más que posesión: debía volver a atacar con profundidad, recuperar segundas jugadas y evitar que el Porto administrara la ventaja con el partido abierto. El colombiano cumplió esa función con un remate de calidad que devolvió la igualdad y reactivó a un equipo que se negaba a aceptar el desenlace adverso.

La fe verdiblanca encontró su premio desde los once metros

Con el encuentro otra vez abierto, el Betis insistió y obligó al Porto a defender más cerca de su portería. La acción decisiva llegó en el tramo final, cuando una caída de Ángel Ortiz tras la intervención de Francisco Moura llevó al árbitro Clément Turpin a señalar penalti. La revisión del VAR prolongó la espera y elevó la tensión en el estadio; Isco asumió la responsabilidad y convirtió la pena máxima con serenidad.

El marcador oficial, Real Betis Balompié 3-2 FC Porto, premió una remontada construida desde la reacción y la convicción, no desde el control absoluto. Abde abrió el camino, el Cucho cambió el pulso ofensivo y la experiencia de Isco resolvió el momento de mayor presión. También hubo una lección táctica: el Betis sufrió cuando el Porto pudo correr y combinar por dentro, pero recuperó iniciativa cuando volvió a ocupar campo rival y cargó el área con más determinación.

La victoria deja una imagen poderosa del regreso europeo verdiblanco: un equipo capaz de desordenarse ante los golpes, pero también de rehacerse con el impulso de su gente. En una noche de polémica, talento y suspense, La Cartuja no fue solo escenario; empujó hasta el final a un Betis que convirtió la incertidumbre en una celebración inolvidable.

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