La amistad de ambos, nacida en la residencia azulgrana, refleja el papel de la vida compartida en la formación de jóvenes deportistas. Los dos fueron reconocidos por segundo año consecutivo como los jugadores más prometedores del planeta.
La formación de una joven promesa no transcurre únicamente en los entrenamientos. Para quienes viven en el Centre de Formació Oriol Tort, la rutina también incluye compartir aulas, horarios y espacios con deportistas de otras edades y disciplinas. En ese entorno coincidieron Vicky López y Lamine Yamal, cuya amistad se forjó durante su estancia en la residencia del Barcelona.
La convivencia ofrece a los residentes una red de apoyo más allá de sus respectivos equipos. Muchos tienen a sus familias lejos y encuentran en sus compañeros una presencia cotidiana con la que compartir tanto las exigencias del deporte como la vida fuera del campo. La residencia acoge a deportistas de distintas disciplinas y reúne a chicos y chicas en diferentes etapas de su formación.
Vicky explicó en una entrevista con Mundo Deportivo que el centro cuenta con tutores que orientan a los residentes y con horarios que organizan el día. También destacó la oportunidad de convivir con personas de distintas edades y de encontrar apoyo fuera del equipo. No se trata solo de coincidir bajo el mismo techo: esa vida compartida permite crear relaciones con compañeros que viven experiencias diferentes.
Una vida compartida dentro y fuera de los entrenamientos
Lamine llegó al centro con 12 años. Vicky se trasladó allí a los 16, cuando firmó por el Barcelona, junto a Lucía Corrales y Giulia Dragoni. La amistad entre ambos es uno de los vínculos nacidos en la residencia. Vicky también estrechó lazos con Pau Prim, que dejó el Barça en el verano de 2025.
El contacto continúa fuera de las actividades habituales del centro. Algunos residentes se acercan los fines de semana a los campos de la Ciutat Esportiva para ver los partidos de otros equipos. De este modo, las relaciones no quedan limitadas a quienes comparten plantilla: forman parte de una comunidad más amplia dentro del club.
La estancia suele prolongarse hasta los 18 años, aunque hay excepciones. Lamine se independizó antes, mientras que Pau Cubarsí permaneció en la residencia hasta acabar el curso académico, una vez cumplida la mayoría de edad. Al marcharse, algunos jugadores eligen vivir cerca de la Ciutat Esportiva o compartir piso, lo que les permite acudir andando a los entrenamientos.
El paso a otras etapas de la carrera
La residencia también ha alojado a futbolistas vinculados al primer equipo, como Bernal, Xavi Espart y Clara Serrajordi. Noah Darvich pasó allí parte de su etapa en el club. Para deportistas que llegan desde otros países, vivir en el centro puede facilitar la adaptación tanto al fútbol como a un entorno cultural distinto.
En la actualidad, jugadores del Barça Atlètic también forman parte de la comunidad de residentes. El fútbol femenino dispone de plazas reservadas y el club trabaja en ampliar habitaciones para acoger a jugadoras con proyección. La convivencia reúne así a deportistas que siguen caminos distintos, aunque comparten una parte de su día a día.
Un reconocimiento que también habla de su recorrido
En la gala del Balón de Oro, Vicky López y Lamine Yamal recibieron por segundo año consecutivo un reconocimiento como los jugadores más prometedores del planeta. El logro pone el foco en sus trayectorias individuales; su amistad, en cambio, permite asomarse a una dimensión menos visible de su formación.
La residencia no determina por sí sola la evolución de una carrera, pero ofrece acompañamiento y relaciones que pueden resultar importantes durante los años de crecimiento. En el caso de Vicky y Lamine, la experiencia compartida en La Masia forma parte de una historia que va más allá de sus éxitos deportivos.