
El Villarreal se rearma con la magia de Ilias y Moleiro ante el Levante
El Villarreal CF vence al Levante UD por 3-1 en una actuación de creciente autoridad, impulsada por la conexión entre Ilias Akhomach y Alberto Moleiro y por una segunda parte de mayor control.
La superioridad nace entre líneas
El Villarreal CF 3 - 1 Levante UD dejó una conclusión nítida en La Cerámica: cuando el equipo de Íñigo Pérez consiguió activar a Ilias Akhomach y Alberto Moleiro entre líneas, el partido empezó a inclinarse hacia el lado amarillo. El conjunto castellonense no necesitó convertir el encuentro en un ejercicio de dominio constante. Le bastó con encontrar los espacios adecuados, acelerar en los momentos precisos y castigar cada pérdida levantinista cerca de la zona de creación.
Moleiro actuó en la mediapunta, con libertad para aparecer a la espalda de los centrocampistas visitantes, mientras Ilias aportó desborde, imaginación y una capacidad permanente para cambiar el ritmo. La banda y el carril central se convirtieron en los territorios desde los que el Villarreal desordenó al Levante. Ayoze Pérez también participó con movilidad y criterio, aunque tuvo que insistir antes de encontrar la acción que le permitió abrir el marcador.
El Levante, por su parte, compitió con personalidad y trató de no hundirse cerca de su área. Su problema apareció cuando quiso progresar con demasiada precipitación. Cada pérdida rápida concedía al Villarreal la posibilidad de correr, justo el escenario que el equipo local buscaba para aprovechar la calidad de sus atacantes.
Dos golpes antes del descanso y un partido nuevo
La acción entre Ayoze y Moleiro resumió la mejor versión ofensiva del Villarreal. Una pared de primera, ejecutada con precisión y velocidad, dejó al delantero ante el guardameta levantinista. Ayoze no desperdició esta vez la oportunidad y convirtió una jugada colectiva de gran categoría en la ventaja local.
El Levante reaccionó de inmediato, sin permitir que el golpe alterara su estructura emocional. Iván Romero firmó una espectacular tijera que superó a Péter Gulácsi y devolvió al conjunto granota al partido. La respuesta fue de carácter y también de talento: el delantero leyó la trayectoria del balón, ajustó el cuerpo y resolvió con una plasticidad extraordinaria.
Ese intercambio cambió el pulso del encuentro. El Villarreal había sido más incisivo, pero el Levante demostró que podía hacer daño cuando conseguía superar la primera presión. La amenaza visitante obligaba a los locales a no desconectarse, mientras la defensa granota empezaba a sufrir cada vez que Ilias recibía con metros por delante.
El taconazo de Ilias rompe el equilibrio
El punto de inflexión llegó tras el descanso, cuando Ilias volvió a intervenir con una acción de futbolista diferencial. Su taconazo encontró a Moleiro completamente liberado y el canario definió con serenidad. Más que una asistencia brillante, fue una lectura perfecta del espacio: Ilias entendió dónde estaba el hueco antes que nadie y Moleiro llegó a él con la pausa necesaria para resolver.
A partir de ahí, el Villarreal jugó con una ventaja estratégica además de emocional. El Levante necesitaba adelantar líneas y eso abrió más campo para las transiciones locales. Buchanan protagonizó una poderosa carrera desde campo propio y rozó la sentencia con un disparo que pasó junto al poste. El canadiense representó la amenaza física de un equipo que ya encontraba metros para correr.
Luis Castro identificó después el principal problema de los suyos: “Hemos perdido balones muy rápido”. El técnico portugués insistió en que el inconveniente no estaba únicamente en la defensa, sino en la manera de atacar. “Si pierdes cien balones estás más cerca de que te marquen que si pierdes 30”, reflexionó. La frase explica el guion de la segunda mitad: el Levante quiso avanzar, pero no siempre protegió sus posesiones, y el Villarreal convirtió esa fragilidad en ventaja.
La profundidad del banquillo certifica el despegue amarillo
Íñigo Pérez movió el frente ofensivo con la entrada de Gerard Moreno y Georges Mikautadze, buscando más presencia en el área y mayor capacidad para atacar los espacios finales. La apuesta terminó dando resultado. Moleiro volvió a ejercer de arquitecto y filtró un pase que dejó a Mikautadze frente a la portería. El georgiano definió con precisión para cerrar el partido y premiar una actuación en la que el talento individual estuvo siempre conectado con la estructura colectiva.
El triunfo permite al Villarreal encadenar su segunda victoria consecutiva y alcanzar los ocho puntos, alejándose de la zona baja después de un comienzo accidentado. Más importante aún, el equipo se marcha al parón con una identidad reconocible: presión tras pérdida, movilidad entre líneas y una sociedad creativa entre Ilias y Moleiro que ya empieza a marcar diferencias.
Para el Levante, la derrota ofrece una lectura menos amarga de lo que podría sugerir el resultado. El equipo compitió, reaccionó y tuvo argumentos para incomodar, pero necesita corregir los detalles que Luis Castro señaló. La calidad existe; ahora debe traducirse en posesiones más seguras, ataques menos apresurados y una mejor protección ante las transiciones. En La Cerámica, el Villarreal encontró su fórmula y el Levante descubrió con claridad dónde debe crecer.